Desde los albores del tiempo, la humanidad ha intentado explicar a los fenómenos naturales y sociales a través de la existencia de Seres Sobrenaturales que con sus importantes poderes eran capaces de modificar el destino del cosmos y de los pueblos. Los antiguos griegos y romanos, fueron quizá, una de las más ricas y conocidas civilizaciones en dar origen a Dioses Inmortales que desde el Olimpo, su residencia natural, contemplaban e intervenían en la vida terrestre.Entre ellos Eros, la representación del amor apasionado, recordado generalmente como un niño con alas, que en sus manos llevaba un arco con flechas, para enamorar a los pobres terrestres que caían bajo sus románticas armas. O también, en situaciones particulares, provocando la indiferencia y el dolor entre la personas. Este peculiar Dios, cuyo origen es aún foco de discusión, era portador de dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la separación. Las heridas causadas por sus armas eran capaces de despertar los sentimientos de pasión, obsesión y hasta deseo imprudente en las personas. Porque para Eros, el emparejamiento era uno de sus principales pasatiempos.Personaje carismático y pícaro, es al que hoy le hoy le dedicamos este poemario, que ojalá logre enamorarlos, tal como si fuera una flecha de oro que nuestro querido Eros envía directamente a vuestros corazones.No los entretengo más, espero disfruten la lectura de este texto que escribí por amor a Cupido, y también dedico a cada uno de aquellos que me honran con su lectura.