El ano es 1822, la escena, la ciudad de Urgell, en los Pirineos, atacada en ese momento por los liberales y defendida por los absolutistas. Un espia liberal joven es amado por una baronesa absolutista, y despues de intrigas innumerables el heroe mata primero al lider de los liberales, y luego al comandante de la fortaleza, y los amantes huyen hacia regiones de paz. Como un llamamiento a la tolerancia, La fiera es irreprochable, y Galdos, el radical, ha pintado los excesos de ambos lados con perfecta imparcialidad.