La avenida de los olmos estaba cubierta de malezas, el gran portón nunca se abrÃa, y la vieja casona permanecÃa cerrada desde hacÃa varios años. No obstante, se escuchaban voces por ese lugar, y las lilas, inclinándose sobre el alto muro parecÃan decir: ¡Qué interesantes secretos podrÃamos revelar si quisiésemos! ..., en tanto que del otro lado del portón, una caléndula procuraba alcanzar el ojo de la cerradura para espiar lo que ocurrÃa en el interior. Si por arte de magia hubiera crecido de súbito y mirado dentro cierto dÃa de junio, habrÃa visto un cuadro extraño pero encantador. Evidentemente, alguien iba a dar allà una fiesta. Un ancho sendero de lajas color gris oscuro bordeado de arbustos que se unÃan formando una bóveda verde iba del portón hacia el porch. Flores silvestres y malezas salvajes crecÃan por doquier cubriendo todo con un hermosÃsimo manto. Un tablón sostenido por dos troncos que estaba en medio del sendero se hallaba cubierto por un descolorido y gastado chal, encima del cual habÃa sido dispuesto, muy elegantemente, un diminuto juego de té. A decir verdad, la tetera habÃa perdido su pico, la lechera su asa, y el azucarero su tapa, y en cuanto a las tazas y los platos, todos se hallaban más o menos deteriorados; pero la gente bien educada no toma en cuenta esas insignificancias y sólo gente bien educada habÃa sido invitada a la fiesta.