Un alma apostólica, alerta a las voces divinas y a las urgencias humanas, derrama aquí en sentidos cantos la autenticidad de su vivir: ternura para el Niño que es "una gotita de rocío", y para el heroico papelerito, y para la humildísima telaraña; un gran amor que vibra ante los misterios de Dios y ante las penurias de los hombres, y que, revestido de fortaleza, vuelca en los demás una alegría que sabe así esconder y transfigurar el propio dolor. ALFONSO JUNCO