Parecería que fueron 18 días de un verano muy movido en los que han sido narrados los sucesos acaecidos a ambos lados del Estrecho de La Florida...y un poquitín más allá. No es así. Fueron días normales, donde pasaron hechos cotidianos que, cuando son narrados, adquieren dimensiones extraordinarias inexistentes. El teatro es el mismo todos los días, cambian los personajes y el decorado, es decir, las personas, los estrechos de agua, y sus orillas.Para aquellos personajes que murieron, que descansen en paz. Para los que siguen vivos, ojalá que se les cumplan sus deseos, aunque eso signifique para unos una ardua lucha, y para otros que tomen conciencia de quiénes son y qué realmente quieren. Lamentablemente habrá muchos perdedores, porque la vida es una ruleta y el que pone la bolita hace rodar el destino. Pero también habrá un puñado de triunfadores que harán válido eso de que la peor gestión es la que no se hace. Las personas inactivas vegetan, no saben por qué viven, no se diferencian mucho de los animales y, en definitiva, mueren. Aquellos que son activos también mueren, algunos más jóvenes que los otros, y se ahorran el calvario de la vejez, pero viven plenamente, sienten emociones fortísimas, conocen cuál es su objetivo en este valle de lágrimas. Los más hacen el mal, los menos el bien. Sé que la condición humana es un obstáculo imposible de superar por la gran mayoría para comportarnos bien. Por eso crucificamos, entre muchas otras calamidades, al hombre más grande que ha dado la humanidad: Jesucristo. No tengo ninguna intención ni poder para cambiar la condición humana. Existe y existirá por siempre. Pero no resisto denunciarla cada vez que puedo.