La lectura de este breve y, a la vez, intenso Pequeño diario de la gran zafra, de la autoría de Carlos Julio Larramendi Rodés (1934-2019), quien residiera en Encrucijada, Las Villas desde 1960 hasta su deceso en 2019, nos ayudará a encontrar esas reflexiones sobre las causas del revés económico. Con una prosa limpia y objetiva, poética en franjas de evocación biográfica, Larramendi, al tiempo que narra con un poder de síntesis ―mérito de todo diario bien escrito―, los acontecimientos relacionados con la zafra grande en la zona donde laboró como jefe y machetero de una brigada de pequeños agricultores y movilizados, expone breves pero certeras reflexiones de los deslices en que los decisores cayeron cada día a la hora de actuar ante problemas que afectaban, objetivamente, el avance de los cortes de caña para garantizar la materia prima a la industria; por otra parte, formula su preocupación por las constantes roturas del central que paralizaban el proceso fabril y como consecuencia la pérdida de rendimiento de la caña ya cortada.
Es necesario apuntar los méritos literarios del texto: su concisión, su objetividad, las descripciones oportunas con lo que evita el regodeo narrativo y le permite poetizar la ruralidad en el carácter del campesino ―rudo, desconfiado, lépero y bondadoso―, así como en el paisaje trigueño y soleado de la campiña cubana, donde la aspereza y la ternura van tomadas de la mano.
Pequeño diario de la gran zafra constituye ―a la luz de los años― un camino en sepia para retornar los ojos a un pasado reciente y hallar, al fin, las respuestas tantas veces escamoteadas al lector cubano ―versado e indócil― siempre en busca de la verdad.
Amador Hernández Hernández
MSc, profesor de la UCLV,
escritor y miembro de la Uneac