¿Cuándo ese tsunami gigantesco que pronostican golpeará a todo el atlántico norte? ¿Estamos preparados? ...No quería mirar hacia atrás, me daba miedo ver la muerte acercarse. Mi reloj de pulsera marcaba el tiempo de impacto de la gran ola.
No soy creyente, pero en estos momentos rezaba a Dios y a todos los Santos del Cielo. No por mí, por ellos, por todos los seres que no podrían ponerse a salvo...
El ruido se hizo ensordecedor. Las olas chocaban con fuerza con el casco del barco, haciéndonos subir y luego caer, cada vez con más violencia.
Llegó el momento: la furia de la naturaleza se desató, cayendo sobre nosotros. Sentí que volábamos. A nuestros lados, botes se hacían pedazos; trozos de madera, restos de barcos, árboles, ramas, cuerpos flotaban, golpeando a los que aún navegaban. La mano de mi mujer y la de Santi apretaron las mías. De pronto, el vacío se hizo bajo nuestros pies. Caíamos a plomo sobre el agua. El barco resistió el golpe, crujiendo al chocar.
Habíamos avanzado sobre la cresta de la ola, que al llegar a la costa había roto con violencia, formándose una nube de espuma y que, arrastrando todo lo que encontró a su paso, se había extendido bastantes kilómetros tierra adentro.
A la caída, siguió un silencio aterrador. El mar iba retrocediendo. Pero yo sabía que vendría otra ola, tan violenta como la primera o más. Y otras...
Así comienza este relato sobre un mega tsunami. Una visión personal sobre un peligro siempre latente. Una catástrofe sin límites, un mundo condenado a reinventarse, a renacer...