La música y la poesía son el telón de fondo para esta nueva entrega poética de Gonzalo Castro: Los zapatos azules. Frente a él, circulan los sueños y sonidos del universo filial en ciclos donde la memoria permite reencontrarse con emociones, pensamientos, el canto heredado del padre tal vez, o el cancionero que cruza incesante la cabeza hasta fusionar la voz del padre con la del hijo. Siguiente track. Un cantar conjunto. Play.Los zapatos, azules como el cielo, caminan entonces desatando el tiempo y se vuelve a ver las hojas de papel conteniendo letras y signos musicales, porque el poema es sobre todo música y en cada verso los símbolos anudan la mirada. Las huellas del calzado inauguran paso a paso la palabra que late en dos, aunque en un mismo corazón que sintoniza con el dial los recuerdos que caen como frutos maduros, en una secuencia que sólo se interrumpe por su voz.Y allí la historia, allí la poesía sobre estos zapatos que migran a otras edades describiendo la partitura de la vida, el azar de los recuerdos al cambiar de emisora e, incluso, en la estática, mientras el engranaje de la historia corre y ajusta las canciones para permitir andar al hijo (que también es padre), en el futuro apresurado del compás de la secuencia intermitente del reencuentro y del retorno.Deslumbra, así, en el paisaje de estas hojas, bajo nuestros dedos, la danza interminable de Los zapatos azules.