Joyce es una niña pequeña que un día jugando se hace una pregunta, que probablemente muchos niños se hacen: ¿De dónde vienen los niños? Así que le pregunta al abuelito, pero él, le contesta que los niños vienen de París. Esa respuesta habría bastado, sin embargo, Joyce va a conversar con su abuelita que mientras hace un pastel le explica que Dios ha tenido un plan muy especial para formar a los seres humanos. En una conversación memorable ella aprende algo importante, y de paso, entiende que a preguntas claras, las respuestas tienen que ser directas y sin errores que confundan. Joyce aprendió una lección, y también lo hizo su abuelito.