¿Lo hicieron anoche? Sí, lo hicimos, le contestamos. Entonces salió a borbotones como si fuera un géiser, su voz: En el nombre del padre, del hijo... Oh, niña blanca; fría, como la mirada de los sonámbulos; fría, como las manos de los ángeles; fría, como los ojos de los sicarios... fría como los huesos; fría, como los gatos heridos en la zona de poniente... así eres. Los buscas como a una presa. Tus ojos brillan aluzados por la luna.