Este texto se sumerge en lo que debió haber sido la sabiduría de acceder a otras dimensiones (la teoría física actual, unificada en la teoría "M" del universo, reconoce la existencia de once dimensiones, aunque no sepa como acceder a siete de éstas), que igual debió pertenecerle a hombres sabios que la aplicaron en beneficio de su comunidad, o a seres humanos que en su ambición desmedida decidieron utilizarla en lo que creyeron sería su beneficio personal, ¿en contra de su propia Civilización?Fue tal el dominio que tuvieron de la astronomía, que, en el legado sobre el nacimiento de su civilización, se describe una representación perfectamente coherente de la vía láctea y del movimiento preciso de los astros que los representan para esa fecha en particular (ratificada por la arqueoastronomía). ¿Cómo conocían la posición de las Pléyades, las estrellas de Orión, Géminis, la estrella Polar, las constelaciones Escorpión y la Osa Mayor, en la vía láctea, de una fecha tan lejana en el pasado, si el desarrollo de su Civilización se supone que se presenta dos mil años después? ¿Cómo lograron alinear en forma perfecta sus construcciones para seguir los desplazamientos estelares de manera milimétrica? ¿Cómo, en últimas, tenían tal acopio de conocimientos, sin poseer ninguno de los instrumentos de los que disponen nuestros científicos en el siglo XXI?Sólo nos queda una evidencia que nos podría aproximar a sus más profundos misterios, aún sin descifrar, y es la forma como ellos concibieron el acercamiento a los Dioses y a los antepasados; las ceremonias religiosas, de las que quedaron los testimonios en todos los vestigios descubiertos, tanto en las estelas, como en sus murales, pinturas, utensilios y libros: los reyes o sacerdotes Supremos danzaban, en las plazas frente a su pueblo, portando un objeto elaborado como una especie de réplica perfecta de lo que sería, si existiera en la naturaleza, una serpiente de dos cabezas, cada una localizada en un extremo del cuerpo. En la medida en que el poder del intérprete (rey-sacerdote o Sumo sacerdote), mediante la danza y otros ritos previos de ofrenda, lograba que el Dios o el antepasado que estuviera invocando, apareciera, no solamente recibía el beneplácito de su pueblo, sino también el privilegio de indagar sobre un hecho específico o sobre una situación que se cerniera como un peligro para el reino.Si su legado científico ha sido comprobado, justamente de los trozos recopilados del registro histórico de las ruinas de la Civilización, ¿por qué vamos a suponer inválida la representación continua y meticulosa de los hechos "sobrenaturales", que también se ha rescatado de los trabajos arqueológicos de su hábitat? ¿Debido a nuestra propia incapacidad de verificación?El prodigio de tales hechos nos mostraría a unos hombres que no sólo poseían una excepcional evolución científica, sino también, un saber completamente desconocido hasta ahora por nosotros, y, por tanto, rechazado como pura superchería. ¿No fue con esta convicción que los conquistadores españoles quemaron sus libros? Los pocos que sobrevivieron nos permitieron demostrar su erudición en astronomía y la precisión de la información de los planetas de nuestro sistema solar. ¿Qué contendrían los otros libros que fueron considerados demoníacos? ¿Qué sabiduría ancestral poseerían que nos hubieran permitido abrir nuestros espíritus a otro tipo de aprendizaje, que ha sido vehementemente rechazado durante siglos, pero del que la misma ciencia contemporánea se ha ido aproximando más y más?