DE LA EMOCIÓN HECHA MÚSICA Sea cual sea su intención, todo buen poema debe conmover al lector ya desde el primer verso. Pero un poema es un proceso siempre inacabado, una lenta escorrentía que en cada lectura nos sorprende con un nuevo cambio de rumbo. Ya desde el soneto liminar, ANTIGONI (Juan Carlos Hidalgo) nos conmueve profundamente al advertirnos que él escribe desde la herida para el desconocido que somos todos frente al espejo de nuestra conciencia, para el triste que no podemos dejar de ser ni siquiera en nuestros momentos de máxima alegría. Escribe desde la insatisfacción y su sementera son sus rimas,
las rimas de la vida y de la muerte, como dice él en un perfecto endecasílabo que resume el sentido subyacente del poemario y del que toma la inspiración para seguir
, como el mismo poeta expresa al cerrar el segundo soneto...(
Semillas)
Esencial es en este admirable poemario la figura de la amada, Ale (Elena), que está presente explícitamente en algún soneto e implícitamente en todas o casi todas las composiciones del libro. Ale (Elena) es también la mujer en general, todas las mujeres posibles, las que han sido y las que serán. Lo que la distingue de las demás es precisamente el amor del poeta: una amada real que se da entera en sus defectos y virtudes, pero vista con la inocencia que el amor exige, un amor que tiene la virtud de resucitar al hombre que lo siente:
Tú me encontraste así, paralizado...Pero un amor que preexiste a los propios amantes como postula en su soneto
el Pacto, y que no excluye el dolor, la pena, el miedo, ni por supuesto una delicada sensualidad, que aquí casi siempre está asociada al agua (así los sonetos titulados
Lluvia fina, Diluvio) o a manifestaciones de la Naturaleza.
Manuél Eidán.
Cádiz-España-