Mucho es lo escrito sobre el Desastre de Annual (julio-agosto de 1921), ensayo y narrativa, sobre todo. Las novelas se han ceñido a presentar aspectos parciales de lo que allí sucedió (Abarrán, Igueriben, Sidi-Dris, etc.) y han dejado excepcionales muestras de ello. Ahora, Juan José Fernández Delgado nos presenta en Como un Castillo de Naipes (El Desastre de Annual) una visión global del mayor desastre militar sufrido por el Ejército Español, pues, partiendo de la ocupación del territorio rifeño por parte de las tropas españolas con la ayuda de la Policía Indígena y gentes del país, da cuenta de cómo se va construyendo un castillo de naipes mediante el levantamiento de frágiles e inconsistentes posiciones y blocaos. Pero, a partir de esta realidad histórica, el autor se adentra en el discurrir cuartelero de los soldados, en sus temores y fatigas, en sus inquietudes e incertidumbres al no saber responderse qué hacen en aquellas tierras cuyos moradores quieren vivir ajenos al Majzen. Tampoco entendían estos soldados el papel protector de España, cuando en sus pueblos de tantas cosas carecían.
Y entre el discurrir de estos sucesos históricos y el vivir diario de los soldados, aparece el tema de las responsabilidades de la situación en que se encuentra el ejército protector: armas que ya habían hecho la guerra de Cuba, duplicidad de altos mandos, nefasta aplicación de la labor de protectorado, política de aplicación indecisa, permitir que la bahía de Alhucemas se convierta en puerto armamentístico para Abd el-Krim, etc. Y ante él, sin pretender excluir al general Fernández Silvestre de la gran parte que le cabe, se pregunta el autor por la responsabilidad que corresponde a los políticos de turno.