Estamos en un tiempo excepcional de cruentas crisis políticas, culturales, militares, económicas, religiosas, de salud, crisis de identidad y espiritual. La última, siendo la más neurálgica de todas.
Lo cultural desgarra el mismo tejido social, y lo está transformando muy rápidamente.
Hay una crisis espiritual en las religiones; y en donde el adventismo del séptimo día no es la excepción. Esta no ha tenido parangón en toda su historia, por lo cual vivimos en un desequilibrio en lo espiritual.
Tristemente, se le ha dado una importancia chocante a la identidad, cuya razón es una cultura basada en enseñanzas anegadas por las llamadas doctrinas cardinales del adventismo; para proclamar lo que aparentemente nos hace únicos (creo en tales doctrinas): tales como los diez mandamientos, el sábado, el santuario y el juicio investigador, la condición del hombre después de fallecer; la reforma de la salud, la deidad, las profecías apocalípticas, la doctrina de la última generación, el 'Espíritu de Profecía'; y la lista podría seguir.
Pero esa clase de creer, despoja a Dios de su lugar, puesto que la crisis espiritual es terrible, sin temor a equivocarnos. Aunque ese creer insinúa el amor de Dios, a su vida y a su carácter, son solo pequeñas menciones o hasta un tanto más extendidas sobre lo que es, quién es, y lo que encarna para la vida.
Tanto enfoque en la teoría de la verdad y no en Jesús, encierra un orgullo nacional como el que tenían los judíos en su época. Es un orgullo de identidad.
Aunque la doctrina es importante, no debiera ocupar el lugar de Jesús, aunque tratemos de asegurarnos que las doctrinas nos hablan de Él.
Por su lado, la entrega sin reservas a Él, nos llevará a tales elevaciones del amor de Dios en Jesús, que se nos ha dicho:
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí". (Gál. 2:20). "[...] el amor de Cristo nos constriñe" (2 Cor. 5:14a).
Que sea esta nuestra razón de existencia al leerse este libro.